Los responsables, por llamarlos de alguna manera decente, de Orsai, fueron sorprendidos con las manos en la masa, mejor dicho con las manos en la Orsai Número 7 recién salida del horno. El fin de semana armarán los paquetes y el lunes empezará la distribución en todo el mundo. En esta última edición de Orsai, la tercera de las seis bimestrales que se publican este año. la tapa de la revista es una feria cultural. Detrás de la feria hay una librería.
El sumario representa el detalle de las estanterías del fondo, con sus libros relucientes. El delicioso trabajo de ilustración de Decur, en esta ocasión a cuatro manos, con María Monjardín (diseño integral) es, como dicen ahí, impresionante.
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viernes, 1 de junio de 2012
Cuando Orsai 7 viene marchando
Cantina de los perros parias (Una "jam session" gráfica de jazz)
Este afiche, titulado Cantina de los perros parias, fue realizado por quien escribe estas líneas en 1983. Está hecho totalmente a lápiz, "sin red", sin proceso digital posterior alguno, salvo la integración de las partes escaneadas.
Se podría decir que se trata de algo así como de una "íntima jam session gráfica de jazz", esto es, una reunión informal de lápices de varias durezas, gomas, papeles, tablero de madera, reglas y escuadras,ideas y sentimientos. Un dibujo a medio camino entre mi gusto por el jazz, la realidad histórica y social de la época citada y elementos autobiográficos extremadamente sublimados, tanto en su título como en los títulos de los dieciseis temas musicales. Y recuerden, mis amigos y amigas de la red, que en una historieta, en una tira, en una viñeta, un perro no es un perro: es una persona representada como perro.
viernes, 25 de mayo de 2012
La Ultima cena no fue la Ultima Cena (Segunda versión completa)
La Última Cena. Pintura mural original de Leonardo da Vinci ejecutada entre 1495 y 1497. Refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie en Milán (Italia).
"No hay hechos, sino interpretaciones" (Friedrich Nietzsche)
Ahora lo sé, gracias a Ray Bradbury lo sé, sé que es posible. Me refiero a que no sería extraño que Dan Brown publique, despreciado de antemano por Umberto Eco, la secuela del teothriller policial y de misterio Código Da Vinci y que después Tom Hanks filme la peli, en la que el mismísimo Hanks, nuevamente en el papel del sutil y a veces golpeado Robert Langdon, descubre, pintado por Leonardo, un cuadro lleno de claves y misterios que, como no podía de ser de otra manera, amenazará cambiar la historia oficial conocida y la distribución del poder eclesiástico: un cuadro titulado La Ultima Cena después de la Ultima Cena. Porque la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.
En mi caso, oveja negra descarriada, sin rumbo fijo y bastante ignorante del contenido de las sagradas escrituras, la revelación se produjo en 1980, cuando se publicó en Buenos Aires Fantasmas para siempre, un extraordinario libro objeto con textos de Ray Bradbury e ilustraciones de Aldo Sessa, a cargo de Ediciones Librería La Ciudad. En ese libro, numerado a mano, en mi caso como el "951" de esa primera edición de 4270 ejemplares, Ray Bradbury, en cierto pasaje del mismo, nos cuenta cómo, algo que empezó con un encargo de John Houston, allá por los posbélicos y prebélicos cincuenta ("pos" de una gran guerra y "pre" de otras ya en gestación), finalizó en la afirmación Bradburyana de que la Ultima Cena no fue la Ultima Cena. Cito el pasaje:
Melville, por su parte, me arrojó de nuevo no sólo entre los brazos de Shakespeare y su Ricardo III, sino también dentro de esa Máquina del tiempo, la Biblia, y me hizo participar de las Ultimas Cenas con Mateo, Marcos, Lucas y Juan, mientras recorría el yermo con el legendario Ismael.
Mis fuegos espirituales se intensificaron cuando los estudios de la Metro Goldwyn Mayer me llamaron uno de los últimos días del otoño de 1960, y me confesaron que, si bien habían gastado ya siete millones de piezas de plata en una nueva versión, parlante y muy colorida, de Rey de Reyes, no habían hallado "un final para la película".
Quedé estupefacto. ¿Y los Apóstoles?... pregunté.
Sí, sí, habían sido examinados, pero... seguíamos sin final. ¿Aceptaba yo firmar y comprometerme a resolver el problema?
Firmé y lo resolví.
Encontré el final de la película en Juan, que describe la Ultima Cena. Cristo resucitado aparece en las riberas del mar de Galilea, se para junto a unas brasas sobre las que están asando unos pescados, y dice a Simón, el que llaman Pedro, y a los otros discípulos, que levanten el pescado, alimenten a sus hermanos, recojan Su mensaje y vayan por todos los países del mundo, predicando el perdón de los pecados. A la media luz que antecede al amanecer, Cristo tiene sus manos sobre las brasas. Entonces se puede ver la marca del clavo. De la palma gotea sangre que cae en los carbones encendidos. De este modo queda probada su identidad.
M.G.M no rodó mi final, y esto es muy deplorable, ya que Juan nunca ha sido utilizado en ninguna de las películas que se han hecho sobre la vida de Cristo.
Sólo me quedó la posibilidad de utilizar un texto de Juan en otro relato de tema marciano que escribí diez años después..."
Y acá interrumpo las palabras de Bradbury, mientras en mi libro continúa explicando lo que siguió a esta cuestión de las cenas, porque ese relato, que transcurre en el querido Marte de las Crónicas marcianas, y lo que Ray nos cuenta al respecto, es otra historia a la que vale la pena dedicarle todo un artículo, en una futura entrega de este blog. Se trata de El Mesías, un excelente cuento de ciencia ficción, por clasificarlo de alguna manera, para aquellos afectos a las etiquetas, aunque sean una ilusión, porque un cuento es un cuento y la etiqueta es algo tan azaroso como irrelevante, frente al valor intrínseco del contenido.
Y a propósito de la "Ultima Cena después de la Ultima Cena", la busqué, porque, ejem, dicen que el que busca encuentra. Y la encontré, el relato completo está en Juan 21, 1-25. Y la encontré, en mi caso, en la versión Nuevo Testamento Puebla, Edición pastoral de Ediciones Paulinas, Editorial Verbo Divino de 1980 -¡El mismo año que fue publicado Fantasmas para siempre!, pero es solo una casualidad... ¿o no?-. Y allí, en la página 321, se aparece Cristo para la Ultima Cena después de la Ultima Cena, bajo el título: Apéndice al libro: La manifestación de Jesús a orillas del lago. Allí me entero que la acción transcurre a orillas del lago Tiberíades... el resto es historia bíblica y ustedes pueden buscarla y encontrarla por sus propios medios.
miércoles, 23 de mayo de 2012
La Ultima Cena no fue la Ultima Cena

Ahora lo sé, gracias a Ray Bradbury lo sé, sé que es posible. Me refiero a que no sería extraño que Dan Brown publique la secuela del Código Da Vinci y después Tom Hanks filme la pelí, en la que el mismísimo Hanks, en el papel de Robert Langdon, descubre, pintado por Leonardo, un cuadro lleno de claves y misterios que como no podía de ser de otra manera, amenazan cambiar la historia oficial conocida y la distribución de poder, un cuadro titulado La Ultima Cena después de la Ultima Cena. Porque la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.
En mi caso, oveja negra descarriada, bastante ignorante del contenido de las sagradas escrituras, la revelación se produjo en 1980, cuando se publicó en Buenos Aires Fantasmas para siempre, un extraordinario libro objeto con textos de Ray Bradbury e ilustraciones de Aldo Sessa, a cargo de Ediciones Librería La Ciudad. En ese libro, numerado a mano, en mi caso como el "951" de esa primera edición de 4270 ejemplares, Ray Bradbury, en cierto pasaje del mismo, nos cuenta como, algo que empezó con un encargo de John Houston, allá por los posbélicos y prebélicos cincuenta ("pos" de una gran guerra y "pre" de otras ya en gestación), finalizó en la afirmación Bradburyana de que la Ultima Cena no fue la Ultima Cena. Cito el pasaje:
Melville, por su parte, me arrojó de nuevo no sólo entre los brazos de Shakespeare y su Ricardo III, sino también dentro de esa Máquina del tiempo, la Biblia, y me hizo participar de las Ultimas Cenas con Mateo, Marcos, Lucas y Juan, mientras recorría el yermo con el legendario Ismael.
Mis fuegos espirituales se intensificaron cuando los estudios de la Metro Goldwyn Mayer me llamaron uno de los últimos días del otoño de 1960, y me confesaron que, si bien habían gastado ya siete millones de piezas de plata en una nueva versión, parlante y muy colorida, de Rey de Reyes, no habían hallado "un final para la película".
Quedé estupefacto. ¿Y los Apóstoles?... pregunté.
Sí, sí, habían sido examinados, pero... seguíamos sin final. ¿Aceptaba yo firmar y comprometerme a resolver el problema?
Firmé y lo resolví.
Encontré el final de la película en Juan, que describe la Ultima Cena. Cristo resucitado aparece en las riberas del mar de Galilea, se para junto a unas brasas sobre las que están asando unos pescados, y dice a Simón, el que llaman Pedro, y a los otros discípulos, que levanten el pescado, alimenten a sus hermanos, recojan Su mensaje y vayan por todos los países del mundo, predicando el perdón de los pecados. A la media luz que antecede al amanecer, Cristo tiene sus manos sobre las brasas. Entonces se puede ver la marca del clavo. De la palma gotea sangre que cae en los carbones encendidos. De este modo queda probada su identidad.
M.G.M no rodó mi final, y esto es muy deplorable, ya que Juan nunca ha sido utilizado en ninguna de las películas que se han hecho sobre la vida de Cristo.
Sólo me quedó la posibilidad de utilizar un texto de Juan en otro relato de tema marciano que escribí diez años después..."
Y acá interrumpo las palabras de Bradbury, que en mi libro continúa explicando lo que siguió, porque ese relato marciano -y lo que Ray nos cuenta al respecto-, es otra historia a la que vale la pena dedicarle todo un artículo, en una futura entrega de este blog. Se trata de El Mesías, un extraordinario cuento de ciencia ficción, por clasificarlo de alguna manera, para aquellos afectos a las etiquetas, aunque sean una ilusión, porque un cuento es un cuento y la etiqueta es algo tan azaroso como irrelevante frente al valor intrínseco del contenido.
Y a propósito de la "Ultima Cena después de la Ultima Cena", la busqué, porque, ejem, dicen que el que busca encuentra. Y la encontré, el relato completo está en Juan 21, 1-25. Y la encontré, en mi caso, en la versión Nuevo Testamento Puebla, Edición pastoral de Ediciones Paulinas, Editorial Verbo Divino de 1980 -¡El mismo año que fue publicado Fantasmas para siempre!, pero es solo una casualidad... ¿o no?-. Y allí, en la página 321, se aparece Cristo para la Ultima Cena después de la Ultima Cena, bajo el título: Apéndice al libro: La manifestación de Jesús a orillas del lago. Allí me entero que la acción transcurre a orillas del lago Tiberíades... el resto es historia bíblica y ustedes pueden buscarla y encontrarla por sus propios medios.
jueves, 10 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Sobre Caloi

Hoy me repito, porque esta entrada la hice en otro de mis blogs, pero es que tenía que hacerlo:
Así como en la pintura de todos los tiempos hay cuatro o cinco enormes y geniales artistas que me han marcado profundamente y con los cuales tengo feeling, en el humor gráfico argentino, desde que empecé yo mismo a dibujar humor e historietas, Caloi fue uno de los pocos grandes artistas de ese medio que influyeron profundamente en mí y con el cual sentí ese feeling, que también sentía por Fontanarrosa y siento por Quino y Crist. Así que tengo una sola palabra para enfrentarme al tema de hacer un comentario sobre su muerte, que creo apropiada: Snif.
lunes, 7 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
martes, 24 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Citas citables, pero a su turno cada una
viernes, 13 de abril de 2012
Zapping: La costumbre más vieja del mundo
"Hace poco veía en televisión las críticas a la televisión de un ex-comisario político. Se lamentaba de que el zapping había anulado el montaje, porque ahora nadie seguía todo el desarrollo dramático del Potemkin, sino que se escapaba para ver el programa de cocina del Discovery cada dos minutos. ¿Pero es que alguien, además de Eisenstein, lo siguió alguna vez todo tal cual está hecho? ¿Acaso en un cine semicongelado de Moscú en el milnovecientos veintipico otro vio toda la película sin pensar en otra cosa? El placer estético funcionó siempre como un zapping sobre el objeto, porque toda obra de arte es siempre una obra abierta, pero no se sabe a que, ni que recombinación secreta hace el receptor para seguir disfrutándola".
Alberto Ure (director de teatro)
En su nota Un espectador cínico, incluida en el dossier El enigma del receptor ¿Quien es el público?.
Suplemento Cultura y Nación del Diario Clarín de Argentina, del jueves 19 de enero de 1995.
sábado, 7 de abril de 2012
Sobre ser zurdo y el Día Internacional de los zurdos
Yo soy zurdo, nací zurdo. Una vecina extraordinaria, del barrio, madre de hijos amigos míos con los que jugaba, me enseñó a leer y escribir antes de los seis años, antes de la escuela primaria. Claro, como toda persona a salvo de taras y deformidades, venidas de adentro o de afuera, su objetivo al enseñarme a escribir era que aprendiera a escribir y no que lo hiciera con una mano determinada. En cambio, en la escuela primaria de esa época, vaya a saber en base a que directiva salvaje de vaya a saber que salvaje en funciones (recuerden que la civilización no elimina la barbarie sino que la perfecciona, y a veces, por ejemplo, se la perfecciona desde la función pública), a los zurdos había que convertirlos en diestros. Y eso fue lo que hicieron conmigo, con mis amigos del barrio que eran zurdos, con mis compañeros de primer grado que eran zurdos y con cuanto alumno zurdo anduviera suelto por ahí escribiendo con la mano incorrecta. Esa conversión por las buenas o por las malas.
Claro, en ese momento, con seis escasos años acumulados en este mundo, uno cree, uno asume que las cosas deben ser como nos dicen, que las órdenes siempre se dan para llevarnos a fines santos, a mundos mejores, que si no hacemos lo que dicen que hagamos, sin excepción, seremos catalogados, perseguidos y castigados como chicos malos.
A los seis años, entonces, uno asume que todo lo que nos impone el entorno cultural que nos rodea, en la familia, en la calle, en el colegio, en los discursos del gobierno de turno, es algo bueno y que así debe ser sin discusión. Es más, es inconcebible que a los seis años a un niño se le ocurra que las normas de un colegio pueden estar sucias, menos blancas que el guardapolvo, que las palomas blancas, o que la franja blanca de la bandera nacional.
Así las cosas, enfrenté la tarea con obediencia ciega, estoicismo y resignación de niño condenado y sin salida. Hasta sentía cierta culpa ante la maestra por tener un cerebro "fallado" según lo que las normas establecían sobre mí; después de todo, si estaba prohibido ser zurdo es porque debía ser algo malo, inconveniente, mal visto, ¡inaceptable!.
Eso, inaceptable. Y ahí estaba yo, finalmente escribiendo con la derecha, y acá estoy yo ahora, en este día internacional del zurdo, viéndome en la foto individual de primer grado: estoy frente a un pupitre, con el pelo rapado, empuñando el lápiz con la derecha sobre mi cuaderno, con la banderita argentina al costado. El sistema había triunfado.
Claro, así cualquier sistema triunfa, lavando en seco, sin detergente, el cerebro a niños muy pequeños, intelectualmente indefensos, que apenas si acaban de entrar por la puerta de la alfabetización y saben cero de la historia de atrocidades y espantos que los precede. Así cualquier sistema, en cualquier lugar y época hace diestros a los niños, los hace alabar y ver como santo y salvador al dictador de turno, los hace rechazar a gente de otra raza y color, los hace ver inferiores a los discapacitados físicos, los hace considerar natural la existencia de la esclavitud y natural cualquier cosa que se nos dé la gana.
El sistema había triunfado, y yo pagaba con angustia, frustración, trauma y alguna que otra distorsión en mi maquinaria mental el triunfo de la razón sobre la naturaleza. Y eso es una de las grandes paradojas de la burocracia de un sistema en acción: la eliminación de una distorsión por decreto llevando a una distorsión real y objetiva.
La directiva de convertir a los zurdos era una especie de Ojo de Gran Hermano pero con un reducidísimo ángulo de visión. Como lo único que le interesaba al ojo de este Gran Hermano educativo era verme escribir con la derecha, lo demás le pasaba de largo. Quiero decir que me hicieron diestro para escribir pero para el resto de las cosas seguía siendo y soy zurdo.
Y así nos encontramos con el absurdo de que mientras la maestra me miraba satisfecha escribir "mi mamá me mima" con la derecha, a continuación subrayaba la frase usando el lápiz y la regla como lo hacen los zurdos, sin que nadie me enviara al patíbulo por ese crimen. Y así con todo: yo seguía pateando la pelota con la zurda, usando los cubiertos como zurdo, la tijera como zurdo, el serrucho y el martillo como zurdo y llegado el despertar sexual ya saben que cosa hacía con la zurda.
De todos modos "al César lo que es del César...", la educación y el trato que tuve de maestros y profesores en los largos años de primaria, secundaria y universidad del estado, al margen de esa calamidad, arrojan un balance mucho más positivo que negativo y no me puedo quejar.
Además los maestros, los empleados y los soldados, suelen ser la carne de cañon de la incapacidad o el salvajismo de los que ordenan, dirigen y legislan desde un escritorio, y no necesariamente están de acuerdo con las directivas que llegan de arriba.
También se cumple aquello de que no hay mal que por bien no venga. Cada vez que tuve algún accidente en la mano derecha, ahí estaba siempre lista como muleto la izquierda para seguir en carrera, escribiendo y dibujando casi como si no me hubieran convertido.
Y hoy, cuando veo a mi pequeño hijo escribir y dibujar con la zurda, a veces me quedo un rato como tonto a sus espaldas mirándolo hacer la tarea sin que lo sepa. Entonces me retiro tranquilo y en silencio, sabiendo que a sus espaldas tampoco lo está vigilando aquel Ojo de Gran Hermano que a mí me hizo diestro. Bueno, al menos "ese" ojo ya no está a espaldas de los chicos de hoy...




