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No hay nada nuevo bajo el sol, pero es interesante echarle una mirada a este mundo, que por azar o destino compartimos vos y yo en la tercera roca desde el sol. A ver con que nos encontramos...
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domingo, 11 de noviembre de 2012

La música de la ilusión



"Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Todo aquello que considerábamos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos. Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos con la mirada extrañada de gente que no entiende en absoluto de lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante. Creo que eso es precisamente lo peor, que el secreto, lo siga siendo, no por falta de un narrador, sino por falta de un oyente comprensivo."
Stephen King

La venganza será terrible, el programa de Alejandro Dolina, no es un programa de radio convencional. En el panorama actual de ese medio es casi un milagro cultural. De martes a sábados a la hora del aquelarre, de 0 a 2, por radio Del Plata (AM 1030), Dolina y sus partenaires, Patricio Barton y Jorge Dorio, despliegan sus talentos y capacidades haciendo un programa divertido, inteligente y reflexivo, donde abundan -pero no dañan- la historia, la mitología, el arte y otras habilidades y conocimientos adquiridos o poseídos por la especie humana. Uno de los momentos imperdibles en La venganza será terrible es cuando una conversación rutinaria, espontáneamente -o no- se desvía por otro carril, inesperado. Cuando en la bifurcación del camino conversacional, diría el bardo Jorge Luis Borges, las palabras toman el sendero de la reflexión profunda, aguda y filosa.

El desvío que tomó una de esas charlas coloquiales, la noche del jueves 8 de noviembre de 2012, fue sobre el eventual caracter básico y efímero de algunos pasajes en una pieza musical. Decía Dolina, y yo estoy de acuerdo con él, que para plasmar en sonidos esos pasajes breves, que representan por ejemplo el galope del caballo, el paso del tigre o los cañones de la Obertura 1812, no son necesarios el arte, la llama sagrada o el genio. No son necesarios para representar, por ejemplo, el "chuf chuf chuf" de una locomotora, o el paso de ganso de los soldados; en cambio, el desafío está en representar, decía Dolina, "la música de una ilusión". Ahí está el quid de la cuestión, en hacer la extensa y profunda obra que represente la ilusión, tal cual nosotros podemos vivirla.

Uno se ilusiona con un mundo mejor; con poder ahorrar para tener ese automóvil cero kilómetro; con jugar en la primera de ese gran club; con unas vacaciones en Bora Bora; con que sea correspondido lo que sentimos por la persona de la que nos hemos enamorado. Y todo eso no se lleva fácilmente al pentagrama. Es más, no se lleva fácilmente a ningún soporte de ningún medio de expresión, porque, generalizando, sea "la pintura de una ilusión", "la poesía de una ilusión", "el dibujo de una ilusión", el camino para una representación satisfactoria es azaroso, incierto y difícil. Dificultad de la que a continuación daré fe:

Hace varias decenas de millones de años, cuando los dinosaurios se enseñoreaban sobre la Tierra y yo (también dinosaurio) cursaba el quinto año de la secundaria, tomaba cuatro medios de transporte para llegar a la escuela (para más datos: de las polvorientas y a veces barrosas calles de tierra de Berazategui, a los godzillas de cemento de Callao y Corrientes, en la ciudad de la furia): colectivo, tren, subte y combinación a otro subte, esa era la secuencia de ida.

En la etapa de la estación, una chica rubia, de pelo largo y ondulado, de labios rojo carmesí y andar majestuoso, esperaba el mismo tren que yo, sentada lejos, pollera discreta, piernas juntitas. Ella me gustaba, me atraía, me enloquecía. Era algo mayor que yo, me enamoré a simple vista, platónicamente, idílicamente y a distancia... porque jamás me hubiera atrevido a acercarme siquiera a dos metros y menos aún a sentarme con ella, porque en estas cosas del amor y las mujeres siempre fui y seré un pánfilo, como Darín en cierto pasaje de "El secreto de sus ojos".

Pero yo estaba ilusionado. Me había ilusionado con que a falta de valor personal y de circunstancias más favorables, un acontecimiento fortuito, inesperado, haciendo de Cupido, cruzaría nuestras líneas cósmicas de vida y nos convertiría en amantes. Así de fácil, así de difícil, así de absurdo, porque había días en que ella no llegaba a tiempo para ese tren y yo, desilusionado, porque también estaba mi ilusión diaria de viajar juntos, la veía a través de la ventanilla llegar caminando por la calle lateral a la vía, no del lado de la fábrica Rigolleau, sino del otro lado, digamos del lado de la más lejana Ducilo, del lado de la costa.

Pero no importaba, "yo tenía un arma y sabía como usarla", me dije un día con soberbia, sin saber lo que me esperaba. A esa altura de mi vida yo tenía acumulado un millaje de varios años de dibujar y escribir de todo un poco, serio, trivial, aventurero, artístico, descartable. Entonces, me puse manos a la obra para dibujar esa ilusión. No importan los detalles, no importa lo que dibujé, importa que "el trazo de esa ilusión" no fue nada fácil. Una y otra vez lo intenté, a lo largo de ese quinto año de secundaria, pero nunca logré que lo representado fuera satisfactorio. Ese año aprendí que la ilusión, lo mismo que cualquier otra emoción o recóndito sentimiento, no es el "chuf chuf chuf" de la locomotora, la "diesel" que, irónicamente, impulsaba el tren que yo tomaba por ese entonces. Había fracasado, no fui capaz de sublimar esa ilusión sobre el papel. Lo esencial no estaba ahí, el dibujo era pura técnica, sin alma ni fuego.

Al año siguiente mis horarios cambiaron, con mis padres nos mudamos más cerca de la escuela y solo me bastaba tomar un colectivo para llegar a ella. Sin embargo, a pesar de lo improbable, me quedaba la ilusión -porque la ilusión tiene instinto de supervivencia y resiste hasta morir de pie- de encontrarla en esa travesía diaria, pero nunca más la vi. Mi línea de vida, al menos hasta hoy, nunca se cruzó con la suya. Sin embargo, haberla conocido durante ese año tuvo su fruto: la revelación de que los trazos de la ilusión y, por qué no, también los de la desilusión, o los de otros sentimientos o emociones, no se plasman exitosamente sin lucha, sin arte y sin alma. Es mi caso, por eso acabo de dar fe: a lo largo de todos estos años, a través de éxitos y fracasos, de vertiginosos altibajos creativos, alcancé, unas pocas veces, a representar algunas de esas emociones. Eso que la noche del 8 de noviembre Dolina, iluminado, explicaba en su gran programa.

Foto: Estación de Berazategui. Crédito: Asociación Trabajadores de Museos, Museos de Berazategui.

viernes, 31 de agosto de 2012

Una auto-oportunidad en la librería El pájaro de fuego

La librería El pájaro de fuego no es una librería común y corriente. Está ubicada en la difusa frontera entre la realidad y la ficción... es el lugar donde la condición humana se busca a sí misma y se manifiesta de maneras misteriosas... hallar su ubicación es a la vez la tarea más difícil y más fácil de este mundo... no está a la vista pero tampoco está oculta... hasta un niño sería capaz de hallarla en lo que dura un latido de su corazón...

miércoles, 25 de julio de 2012

Otras voces, otros ámbitos 2


:"Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. La única responsabilidad del artista es con su arte. No deberá tener ningún escrúpulo y de ser necesario arrojará todo por la borda: honor, orgullo, decencia, seguridad, felicidad y, si tiene que robar a su madre, no dudará en hacerlo..."

William Faulkner, en Revista Radar, Página 12

"Escribo porque es el más poderoso acto libertario que conozco. Escribo porque el hechizo de la literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias. Escribo porque mis padres y mis hijos se alegran cada vez que alguien les cuenta que ha leído algo mío. Escribo porque contar historias es el oficio más antiguo del mundo. Escribo porque dedico todos los libros a mi mujer y así -mientras sigo escribiendo- ella sabrá que la sigo queriendo."

Fernando Iwasaki, en Revista ADN, La Nación, 21-1-11

"Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo soy intocable y eterna."

Rosa Montero, en Revista ADN, La Nación, 21-1-11

"Por cierto: todo en la vida es susceptible de ser escrito si tienes las agallas suficientes para hacerlo y la imaginación para improvisar. El peor enemigo de la creatividad es la duda sobre uno mismo."

Sylvia Plath, en Perlas escogidas, Revista Ñ, Clarín.

viernes, 1 de junio de 2012

Cuando Orsai 7 viene marchando

Los responsables, por llamarlos de alguna manera decente, de Orsai, fueron sorprendidos con las manos en la masa, mejor dicho con las manos en la Orsai Número 7 recién salida del horno. El fin de semana armarán los paquetes y el lunes empezará la distribución en todo el mundo. En esta última edición de Orsai, la tercera de las seis bimestrales que se publican este año. la tapa de la revista es una feria cultural. Detrás de la feria hay una librería.

El sumario representa el detalle de las estanterías del fondo, con sus libros relucientes. El delicioso trabajo de ilustración de Decur, en esta ocasión a cuatro manos, con María Monjardín (diseño integral) es, como dicen ahí, impresionante.

Cantina de los perros parias (Una "jam session" gráfica de jazz)

Este afiche, titulado Cantina de los perros parias, fue realizado por quien escribe estas líneas en 1983. Está hecho totalmente a lápiz, "sin red", sin proceso digital posterior alguno, salvo la integración de las partes escaneadas.
Se podría decir que se trata de algo así como de una "íntima jam session gráfica de jazz", esto es, una reunión informal de lápices de varias durezas, gomas, papeles, tablero de madera, reglas y escuadras,ideas y sentimientos. Un dibujo a medio camino entre mi gusto por el jazz, la realidad histórica y social de la época citada y elementos autobiográficos extremadamente sublimados, tanto en su título como en los títulos de los dieciseis temas musicales. Y recuerden, mis amigos y amigas de la red, que en una historieta, en una tira, en una viñeta, un perro no es un perro: es una persona representada como perro.

viernes, 25 de mayo de 2012

La Ultima cena no fue la Ultima Cena (Segunda versión completa)

La Última Cena. Pintura mural original de Leonardo da Vinci ejecutada entre 1495 y 1497. Refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie en Milán (Italia).

"No hay hechos, sino interpretaciones" (Friedrich Nietzsche)

Ahora lo sé, gracias a Ray Bradbury lo sé, sé que es posible. Me refiero a que no sería extraño que Dan Brown publique, despreciado de antemano por Umberto Eco, la secuela del teothriller policial y de misterio Código Da Vinci y que después Tom Hanks filme la peli, en la que el mismísimo Hanks, nuevamente en el papel del sutil y a veces golpeado Robert Langdon, descubre, pintado por Leonardo, un cuadro lleno de claves y misterios que, como no podía de ser de otra manera, amenazará cambiar la historia oficial conocida y la distribución del poder eclesiástico: un cuadro titulado La Ultima Cena después de la Ultima Cena. Porque la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.

En mi caso, oveja negra descarriada, sin rumbo fijo y bastante ignorante del contenido de las sagradas escrituras, la revelación se produjo en 1980, cuando se publicó en Buenos Aires Fantasmas para siempre, un extraordinario libro objeto con textos de Ray Bradbury e ilustraciones de Aldo Sessa, a cargo de Ediciones Librería La Ciudad. En ese libro, numerado a mano, en mi caso como el "951" de esa primera edición de 4270 ejemplares, Ray Bradbury, en cierto pasaje del mismo, nos cuenta cómo, algo que empezó con un encargo de John Houston, allá por los posbélicos y prebélicos cincuenta ("pos" de una gran guerra y "pre" de otras ya en gestación), finalizó en la afirmación Bradburyana de que la Ultima Cena no fue la Ultima Cena. Cito el pasaje:

"...Se podría decir que yo nací de nuevo cuando John Houston me encargó la tarea de matar una ballena y redactar un guión de cine para Moby Dick en 1953.
Melville, por su parte, me arrojó de nuevo no sólo entre los brazos de Shakespeare y su Ricardo III, sino también dentro de esa Máquina del tiempo, la Biblia, y me hizo participar de las Ultimas Cenas con Mateo, Marcos, Lucas y Juan, mientras recorría el yermo con el legendario Ismael.
Mis fuegos espirituales se intensificaron cuando los estudios de la Metro Goldwyn Mayer me llamaron uno de los últimos días del otoño de 1960, y me confesaron que, si bien habían gastado ya siete millones de piezas de plata en una nueva versión, parlante y muy colorida, de Rey de Reyes, no habían hallado "un final para la película".
Quedé estupefacto. ¿Y los Apóstoles?... pregunté.
Sí, sí, habían sido examinados, pero... seguíamos sin final. ¿Aceptaba yo firmar y comprometerme a resolver el problema?
Firmé y lo resolví.
Encontré el final de la película en Juan, que describe la Ultima Cena. Cristo resucitado aparece en las riberas del mar de Galilea, se para junto a unas brasas sobre las que están asando unos pescados, y dice a Simón, el que llaman Pedro, y a los otros discípulos, que levanten el pescado, alimenten a sus hermanos, recojan Su mensaje y vayan por todos los países del mundo, predicando el perdón de los pecados. A la media luz que antecede al amanecer, Cristo tiene sus manos sobre las brasas. Entonces se puede ver la marca del clavo. De la palma gotea sangre que cae en los carbones encendidos. De este modo queda probada su identidad.
M.G.M no rodó mi final, y esto es muy deplorable, ya que Juan nunca ha sido utilizado en ninguna de las películas que se han hecho sobre la vida de Cristo.
Sólo me quedó la posibilidad de utilizar un texto de Juan en otro relato de tema marciano que escribí diez años después..."

Y acá interrumpo las palabras de Bradbury, mientras en mi libro continúa explicando lo que siguió a esta cuestión de las cenas, porque ese relato, que transcurre en el querido Marte de las Crónicas marcianas, y lo que Ray nos cuenta al respecto, es otra historia a la que vale la pena dedicarle todo un artículo, en una futura entrega de este blog. Se trata de El Mesías, un excelente cuento de ciencia ficción, por clasificarlo de alguna manera, para aquellos afectos a las etiquetas, aunque sean una ilusión, porque un cuento es un cuento y la etiqueta es algo tan azaroso como irrelevante, frente al valor intrínseco del contenido.

Y a propósito de la "Ultima Cena después de la Ultima Cena", la busqué, porque, ejem, dicen que el que busca encuentra. Y la encontré, el relato completo está en Juan 21, 1-25. Y la encontré, en mi caso, en la versión Nuevo Testamento Puebla, Edición pastoral de Ediciones Paulinas, Editorial Verbo Divino de 1980 -¡El mismo año que fue publicado Fantasmas para siempre!, pero es solo una casualidad... ¿o no?-. Y allí, en la página 321, se aparece Cristo para la Ultima Cena después de la Ultima Cena, bajo el título: Apéndice al libro: La manifestación de Jesús a orillas del lago. Allí me entero que la acción transcurre a orillas del lago Tiberíades... el resto es historia bíblica y ustedes pueden buscarla y encontrarla por sus propios medios.

El párrafo anterior podría ser un buen -y previsible- final para este artículo, pero una oveja negra descarriada como yo no se da por satisfecha con eso y va por más. Va por esto:

Alguien podría objetar que hablar de dos últimas cenas y de destronar a la primera de su puesto en el podio, es apenas un juego de ingenio, una trivialidad, un ejercicio abstracto de lógica, para pasar el rato en un día de lluvia o para deslumbrar a los amigos en alguna casa de comida rápida, pero ¿es así?. Tal vez a Bradbury se le escapó de las manos, cuando tipeaba el asunto en su eterna máquina de escribir, que tal vez haya una veta profunda, incrustada en su aparentemente inocente y superficial afirmación de que la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.

Tanto creyentes como ateos y agnósticos podrían subestimar el tema diciendo: Bueno, pero la Ultima Cena "oficial" se refiere a la Ultima Cena de Cristo en vida. Y acá es cuando entramos a la veta profunda, porque justamente podemos refutar eso diciendo que la segunda Ultima Cena también fue en vida de Cristo... después de resucitar. Y eso nos lleva a la pregunta ¿quien se atreve a tirar la primera piedra negando la trascendencia de la resurrección, si hasta un no creyente reconocería al menos la importancia de la misma por su significado como parte del relato, más allá que se trate de un hecho real o de una ficción?.

Resucitar no es cosa de todos los días, al menos la estadística de los últimos 2000 años así parece indicarlo (no sería lícito incluir en ella a zombies o a humanos revividos por alienígenas). Por eso las acciones que el resucitado lleva adelante al retornar a la vida se vuelven altamente significativas y relevantes, especialmente si está avalado por un supuesto Supremo Hacedor del Universo, sobre cuya existencia me abstengo de opinar. Por ejemplo, la cena de Cristo a orilla del Tiberíades ostenta con derecho bien ganado esa trascendencia. Entonces, una posible "interpretación de la interpretación" de Ray Bradbury es que afirmar que la Ultima Cena no fue la Ultima cena, no es cosa tan trivial como parece, sino más bien cosa razonable y nada superficial. Así las cosas, mirada con el cristal adecuado, la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.

Ahora sí, esta oveja negra descarriada se retira satisfecha (al menos por hoy) a descansar en silencio, lejos en lo posible del Dr. Hanníbal Lecter.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La Ultima Cena no fue la Ultima Cena


Ahora lo sé, gracias a Ray Bradbury lo sé, sé que es posible. Me refiero a que no sería extraño que Dan Brown publique la secuela del Código Da Vinci y después Tom Hanks filme la pelí, en la que el mismísimo Hanks, en el papel de Robert Langdon, descubre, pintado por Leonardo, un cuadro lleno de claves y misterios que como no podía de ser de otra manera, amenazan cambiar la historia oficial conocida y la distribución de poder, un cuadro titulado La Ultima Cena después de la Ultima Cena. Porque la Ultima Cena no fue la Ultima Cena.

En mi caso, oveja negra descarriada, bastante ignorante del contenido de las sagradas escrituras, la revelación se produjo en 1980, cuando se publicó en Buenos Aires Fantasmas para siempre, un extraordinario libro objeto con textos de Ray Bradbury e ilustraciones de Aldo Sessa, a cargo de Ediciones Librería La Ciudad. En ese libro, numerado a mano, en mi caso como el "951" de esa primera edición de 4270 ejemplares, Ray Bradbury, en cierto pasaje del mismo, nos cuenta como, algo que empezó con un encargo de John Houston, allá por los posbélicos y prebélicos cincuenta ("pos" de una gran guerra y "pre" de otras ya en gestación), finalizó en la afirmación Bradburyana de que la Ultima Cena no fue la Ultima Cena. Cito el pasaje:

"...Se podría decir que yo nací de nuevo cuando John Houston me encargó la tarea de matar una ballena y redactar un guión de cine para Moby Dick en 1953.
Melville, por su parte, me arrojó de nuevo no sólo entre los brazos de Shakespeare y su Ricardo III, sino también dentro de esa Máquina del tiempo, la Biblia, y me hizo participar de las Ultimas Cenas con Mateo, Marcos, Lucas y Juan, mientras recorría el yermo con el legendario Ismael.
Mis fuegos espirituales se intensificaron cuando los estudios de la Metro Goldwyn Mayer me llamaron uno de los últimos días del otoño de 1960, y me confesaron que, si bien habían gastado ya siete millones de piezas de plata en una nueva versión, parlante y muy colorida, de Rey de Reyes, no habían hallado "un final para la película".
Quedé estupefacto. ¿Y los Apóstoles?... pregunté.
Sí, sí, habían sido examinados, pero... seguíamos sin final. ¿Aceptaba yo firmar y comprometerme a resolver el problema?
Firmé y lo resolví.
Encontré el final de la película en Juan, que describe la Ultima Cena. Cristo resucitado aparece en las riberas del mar de Galilea, se para junto a unas brasas sobre las que están asando unos pescados, y dice a Simón, el que llaman Pedro, y a los otros discípulos, que levanten el pescado, alimenten a sus hermanos, recojan Su mensaje y vayan por todos los países del mundo, predicando el perdón de los pecados. A la media luz que antecede al amanecer, Cristo tiene sus manos sobre las brasas. Entonces se puede ver la marca del clavo. De la palma gotea sangre que cae en los carbones encendidos. De este modo queda probada su identidad.
M.G.M no rodó mi final, y esto es muy deplorable, ya que Juan nunca ha sido utilizado en ninguna de las películas que se han hecho sobre la vida de Cristo.
Sólo me quedó la posibilidad de utilizar un texto de Juan en otro relato de tema marciano que escribí diez años después..."

Y acá interrumpo las palabras de Bradbury, que en mi libro continúa explicando lo que siguió, porque ese relato marciano -y lo que Ray nos cuenta al respecto-, es otra historia a la que vale la pena dedicarle todo un artículo, en una futura entrega de este blog. Se trata de El Mesías, un extraordinario cuento de ciencia ficción, por clasificarlo de alguna manera, para aquellos afectos a las etiquetas, aunque sean una ilusión, porque un cuento es un cuento y la etiqueta es algo tan azaroso como irrelevante frente al valor intrínseco del contenido.

Y a propósito de la "Ultima Cena después de la Ultima Cena", la busqué, porque, ejem, dicen que el que busca encuentra. Y la encontré, el relato completo está en Juan 21, 1-25. Y la encontré, en mi caso, en la versión Nuevo Testamento Puebla, Edición pastoral de Ediciones Paulinas, Editorial Verbo Divino de 1980 -¡El mismo año que fue publicado Fantasmas para siempre!, pero es solo una casualidad... ¿o no?-. Y allí, en la página 321, se aparece Cristo para la Ultima Cena después de la Ultima Cena, bajo el título: Apéndice al libro: La manifestación de Jesús a orillas del lago. Allí me entero que la acción transcurre a orillas del lago Tiberíades... el resto es historia bíblica y ustedes pueden buscarla y encontrarla por sus propios medios.

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