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lunes, 7 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
martes, 24 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Citas citables, pero a su turno cada una
Uno siente en este blog un irresistible deseo de compartir breves pensamientos ajenos, todos simultáneamente, agolpados, atropelladamente estampados arriba de todo. Pero para que esa parte superior del blog no sea una sábana de citas citables y la pila de palabras no los apabulle, gracias a una gentileza de Don JavaScript he colocado una ventanilla, como diría Flanders, donde las citas van rotando sin fin una tras otra. Este es el instructivo: Te plantás frente a la pantalla, la mirada fija en esa banda, bajo el logo y encima de la línea de puntos, y cada tantos segundos verás emerger una frase distinta. Para que no se vuelva rutina y la plaga del tedio no aceche tu interés por la lectura, con el paso de los días sumaré nuevas citas, sacaré unas y pondré otras. Esto es todo, amigos lectores. Gracias por su paciencia.
viernes, 13 de abril de 2012
Zapping: La costumbre más vieja del mundo
"Hace poco veía en televisión las críticas a la televisión de un ex-comisario político. Se lamentaba de que el zapping había anulado el montaje, porque ahora nadie seguía todo el desarrollo dramático del Potemkin, sino que se escapaba para ver el programa de cocina del Discovery cada dos minutos. ¿Pero es que alguien, además de Eisenstein, lo siguió alguna vez todo tal cual está hecho? ¿Acaso en un cine semicongelado de Moscú en el milnovecientos veintipico otro vio toda la película sin pensar en otra cosa? El placer estético funcionó siempre como un zapping sobre el objeto, porque toda obra de arte es siempre una obra abierta, pero no se sabe a que, ni que recombinación secreta hace el receptor para seguir disfrutándola".
Alberto Ure (director de teatro)
En su nota Un espectador cínico, incluida en el dossier El enigma del receptor ¿Quien es el público?.
Suplemento Cultura y Nación del Diario Clarín de Argentina, del jueves 19 de enero de 1995.
sábado, 7 de abril de 2012
Sobre ser zurdo y el Día Internacional de los zurdos
Soy zurdo de nacimiento, por eso les envío un saludo a todos los zurdos del mundo, a todos los que escriben con esa mano y un saludo a mí mismo, a pesar que actualmente soy diestro. Y ahora les explico lo que quiero decir con eso de que soy zurdo pero diestro:
Yo soy zurdo, nací zurdo. Una vecina extraordinaria, del barrio, madre de hijos amigos míos con los que jugaba, me enseñó a leer y escribir antes de los seis años, antes de la escuela primaria. Claro, como toda persona a salvo de taras y deformidades, venidas de adentro o de afuera, su objetivo al enseñarme a escribir era que aprendiera a escribir y no que lo hiciera con una mano determinada. En cambio, en la escuela primaria de esa época, vaya a saber en base a que directiva salvaje de vaya a saber que salvaje en funciones (recuerden que la civilización no elimina la barbarie sino que la perfecciona, y a veces, por ejemplo, se la perfecciona desde la función pública), a los zurdos había que convertirlos en diestros. Y eso fue lo que hicieron conmigo, con mis amigos del barrio que eran zurdos, con mis compañeros de primer grado que eran zurdos y con cuanto alumno zurdo anduviera suelto por ahí escribiendo con la mano incorrecta. Esa conversión por las buenas o por las malas.
Claro, en ese momento, con seis escasos años acumulados en este mundo, uno cree, uno asume que las cosas deben ser como nos dicen, que las órdenes siempre se dan para llevarnos a fines santos, a mundos mejores, que si no hacemos lo que dicen que hagamos, sin excepción, seremos catalogados, perseguidos y castigados como chicos malos.
A los seis años, entonces, uno asume que todo lo que nos impone el entorno cultural que nos rodea, en la familia, en la calle, en el colegio, en los discursos del gobierno de turno, es algo bueno y que así debe ser sin discusión. Es más, es inconcebible que a los seis años a un niño se le ocurra que las normas de un colegio pueden estar sucias, menos blancas que el guardapolvo, que las palomas blancas, o que la franja blanca de la bandera nacional.
Así las cosas, enfrenté la tarea con obediencia ciega, estoicismo y resignación de niño condenado y sin salida. Hasta sentía cierta culpa ante la maestra por tener un cerebro "fallado" según lo que las normas establecían sobre mí; después de todo, si estaba prohibido ser zurdo es porque debía ser algo malo, inconveniente, mal visto, ¡inaceptable!.
Eso, inaceptable. Y ahí estaba yo, finalmente escribiendo con la derecha, y acá estoy yo ahora, en este día internacional del zurdo, viéndome en la foto individual de primer grado: estoy frente a un pupitre, con el pelo rapado, empuñando el lápiz con la derecha sobre mi cuaderno, con la banderita argentina al costado. El sistema había triunfado.
Claro, así cualquier sistema triunfa, lavando en seco, sin detergente, el cerebro a niños muy pequeños, intelectualmente indefensos, que apenas si acaban de entrar por la puerta de la alfabetización y saben cero de la historia de atrocidades y espantos que los precede. Así cualquier sistema, en cualquier lugar y época hace diestros a los niños, los hace alabar y ver como santo y salvador al dictador de turno, los hace rechazar a gente de otra raza y color, los hace ver inferiores a los discapacitados físicos, los hace considerar natural la existencia de la esclavitud y natural cualquier cosa que se nos dé la gana.
El sistema había triunfado, y yo pagaba con angustia, frustración, trauma y alguna que otra distorsión en mi maquinaria mental el triunfo de la razón sobre la naturaleza. Y eso es una de las grandes paradojas de la burocracia de un sistema en acción: la eliminación de una distorsión por decreto llevando a una distorsión real y objetiva.
La directiva de convertir a los zurdos era una especie de Ojo de Gran Hermano pero con un reducidísimo ángulo de visión. Como lo único que le interesaba al ojo de este Gran Hermano educativo era verme escribir con la derecha, lo demás le pasaba de largo. Quiero decir que me hicieron diestro para escribir pero para el resto de las cosas seguía siendo y soy zurdo.
Y así nos encontramos con el absurdo de que mientras la maestra me miraba satisfecha escribir "mi mamá me mima" con la derecha, a continuación subrayaba la frase usando el lápiz y la regla como lo hacen los zurdos, sin que nadie me enviara al patíbulo por ese crimen. Y así con todo: yo seguía pateando la pelota con la zurda, usando los cubiertos como zurdo, la tijera como zurdo, el serrucho y el martillo como zurdo y llegado el despertar sexual ya saben que cosa hacía con la zurda.
De todos modos "al César lo que es del César...", la educación y el trato que tuve de maestros y profesores en los largos años de primaria, secundaria y universidad del estado, al margen de esa calamidad, arrojan un balance mucho más positivo que negativo y no me puedo quejar.
Además los maestros, los empleados y los soldados, suelen ser la carne de cañon de la incapacidad o el salvajismo de los que ordenan, dirigen y legislan desde un escritorio, y no necesariamente están de acuerdo con las directivas que llegan de arriba.
También se cumple aquello de que no hay mal que por bien no venga. Cada vez que tuve algún accidente en la mano derecha, ahí estaba siempre lista como muleto la izquierda para seguir en carrera, escribiendo y dibujando casi como si no me hubieran convertido.
Y hoy, cuando veo a mi pequeño hijo escribir y dibujar con la zurda, a veces me quedo un rato como tonto a sus espaldas mirándolo hacer la tarea sin que lo sepa. Entonces me retiro tranquilo y en silencio, sabiendo que a sus espaldas tampoco lo está vigilando aquel Ojo de Gran Hermano que a mí me hizo diestro. Bueno, al menos "ese" ojo ya no está a espaldas de los chicos de hoy...
Yo soy zurdo, nací zurdo. Una vecina extraordinaria, del barrio, madre de hijos amigos míos con los que jugaba, me enseñó a leer y escribir antes de los seis años, antes de la escuela primaria. Claro, como toda persona a salvo de taras y deformidades, venidas de adentro o de afuera, su objetivo al enseñarme a escribir era que aprendiera a escribir y no que lo hiciera con una mano determinada. En cambio, en la escuela primaria de esa época, vaya a saber en base a que directiva salvaje de vaya a saber que salvaje en funciones (recuerden que la civilización no elimina la barbarie sino que la perfecciona, y a veces, por ejemplo, se la perfecciona desde la función pública), a los zurdos había que convertirlos en diestros. Y eso fue lo que hicieron conmigo, con mis amigos del barrio que eran zurdos, con mis compañeros de primer grado que eran zurdos y con cuanto alumno zurdo anduviera suelto por ahí escribiendo con la mano incorrecta. Esa conversión por las buenas o por las malas.
Claro, en ese momento, con seis escasos años acumulados en este mundo, uno cree, uno asume que las cosas deben ser como nos dicen, que las órdenes siempre se dan para llevarnos a fines santos, a mundos mejores, que si no hacemos lo que dicen que hagamos, sin excepción, seremos catalogados, perseguidos y castigados como chicos malos.
A los seis años, entonces, uno asume que todo lo que nos impone el entorno cultural que nos rodea, en la familia, en la calle, en el colegio, en los discursos del gobierno de turno, es algo bueno y que así debe ser sin discusión. Es más, es inconcebible que a los seis años a un niño se le ocurra que las normas de un colegio pueden estar sucias, menos blancas que el guardapolvo, que las palomas blancas, o que la franja blanca de la bandera nacional.
Así las cosas, enfrenté la tarea con obediencia ciega, estoicismo y resignación de niño condenado y sin salida. Hasta sentía cierta culpa ante la maestra por tener un cerebro "fallado" según lo que las normas establecían sobre mí; después de todo, si estaba prohibido ser zurdo es porque debía ser algo malo, inconveniente, mal visto, ¡inaceptable!.
Eso, inaceptable. Y ahí estaba yo, finalmente escribiendo con la derecha, y acá estoy yo ahora, en este día internacional del zurdo, viéndome en la foto individual de primer grado: estoy frente a un pupitre, con el pelo rapado, empuñando el lápiz con la derecha sobre mi cuaderno, con la banderita argentina al costado. El sistema había triunfado.
Claro, así cualquier sistema triunfa, lavando en seco, sin detergente, el cerebro a niños muy pequeños, intelectualmente indefensos, que apenas si acaban de entrar por la puerta de la alfabetización y saben cero de la historia de atrocidades y espantos que los precede. Así cualquier sistema, en cualquier lugar y época hace diestros a los niños, los hace alabar y ver como santo y salvador al dictador de turno, los hace rechazar a gente de otra raza y color, los hace ver inferiores a los discapacitados físicos, los hace considerar natural la existencia de la esclavitud y natural cualquier cosa que se nos dé la gana.
El sistema había triunfado, y yo pagaba con angustia, frustración, trauma y alguna que otra distorsión en mi maquinaria mental el triunfo de la razón sobre la naturaleza. Y eso es una de las grandes paradojas de la burocracia de un sistema en acción: la eliminación de una distorsión por decreto llevando a una distorsión real y objetiva.
La directiva de convertir a los zurdos era una especie de Ojo de Gran Hermano pero con un reducidísimo ángulo de visión. Como lo único que le interesaba al ojo de este Gran Hermano educativo era verme escribir con la derecha, lo demás le pasaba de largo. Quiero decir que me hicieron diestro para escribir pero para el resto de las cosas seguía siendo y soy zurdo.
Y así nos encontramos con el absurdo de que mientras la maestra me miraba satisfecha escribir "mi mamá me mima" con la derecha, a continuación subrayaba la frase usando el lápiz y la regla como lo hacen los zurdos, sin que nadie me enviara al patíbulo por ese crimen. Y así con todo: yo seguía pateando la pelota con la zurda, usando los cubiertos como zurdo, la tijera como zurdo, el serrucho y el martillo como zurdo y llegado el despertar sexual ya saben que cosa hacía con la zurda.
De todos modos "al César lo que es del César...", la educación y el trato que tuve de maestros y profesores en los largos años de primaria, secundaria y universidad del estado, al margen de esa calamidad, arrojan un balance mucho más positivo que negativo y no me puedo quejar.
Además los maestros, los empleados y los soldados, suelen ser la carne de cañon de la incapacidad o el salvajismo de los que ordenan, dirigen y legislan desde un escritorio, y no necesariamente están de acuerdo con las directivas que llegan de arriba.
También se cumple aquello de que no hay mal que por bien no venga. Cada vez que tuve algún accidente en la mano derecha, ahí estaba siempre lista como muleto la izquierda para seguir en carrera, escribiendo y dibujando casi como si no me hubieran convertido.
Y hoy, cuando veo a mi pequeño hijo escribir y dibujar con la zurda, a veces me quedo un rato como tonto a sus espaldas mirándolo hacer la tarea sin que lo sepa. Entonces me retiro tranquilo y en silencio, sabiendo que a sus espaldas tampoco lo está vigilando aquel Ojo de Gran Hermano que a mí me hizo diestro. Bueno, al menos "ese" ojo ya no está a espaldas de los chicos de hoy...
viernes, 30 de marzo de 2012
Orsai 6 libre y volando hacia su destino

La Orsai número 6 ha salido de imprenta y empieza a distribuirse la semana del dos de abril y, como los responsables de siempre (Casciari y Chiri, Chiri y Casciari) sabían la fecha desde hacía meses, se pusieron a pensar en un especial sobre Malvinas. La idea fue buscar dos escritores admiradísimos: uno británico, otro argentino. Necesitaban que fuesen (a su gusto, y yo coincido plenamente con ese gusto) los dos mejores escritores vivos de cada país. Tuvieron suerte, mucha suerte. Ian McEwan y Abelardo Castillo se dejaron entrevistar por Gonzalo Garcés.
Pero para qué seguir cuasiplagiando lo que dicen ellos mismos y con primorosos detalles, si está todo en esta entrada de su blog: Dos de Abril.
Atención refutadores: Si van a refutar el gusto declarado arriba (el mío o el ajeno) por esos dos escritores, tengan en cuenta que en materia de gustos no hay nada escrito ni tipeado. Otra cosa sería si la elección se presentara por decreto como verdad sagrada e indiscutible. Simétricamente, el gusto de ustedes no será refutado ni cuestionado por quien escribe estas líneas, sino que será aceptado como otro gusto tan válido como cualquier otro. Listo, misión noticiosa cumplida, nada más que decir ni refutar, Carpe diem.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Titanes en el espectáculo
martes, 27 de marzo de 2012
Un nuevo blog: Bienvenido sin malicia

Este es un avisito personal: Desde el 22 de marzo de 2012 está en línea Bienvenido Sin Malicia, el nuevo blog. O como dirían en los grandes medios en los que yo no existo: "Del autor de Ciencia con alma y arte, ahora llega a las mejores pantallas de los lectores... Bienvenido Sin Malicia"
Esta es la primera entrada, donde Bienvenido se presenta: Tiras 1 (presentación) y 2 (casting canino)
jueves, 15 de marzo de 2012
Así habló Zamiatin
Sus primeros escritos fueron prohibidos por la censura zarista. Allá por la más que agitada década del treinta, gracias a la intervención de Gorki, Stalin le permitió salir de la Unión soviética en lugar de despacharlo para el lado de Siberia o algo peor. Entonces se exilió en París, donde finalmente murió en 1937.
En su ensayo Tengo miedo se lee este párrafo:
"La literatura verdadera sólo puede existir donde es creada, no por oficiales diligentes y de confianza sino por dementes, ermitaños, herejes, soñadores, rebeldes y escépticos"
miércoles, 22 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Orsai número 5
Tengo en mis manos la, para adictos como yo, tan anhelada Orsai 5 y después de hojearla a vuelo de pájaro, después de detenerme en gran parte de la oferta de este número, después de quedar extasiado, después de solazarme con cada página, la conclusión es que Orsai no solo no se rinde, sino que se supera a sí misma más allá de lo imaginable. Ni siquiera los astrólogos fueron capaces de predecir lo que sería este número. El salto de trimestral a bimestral, que no es solo eso, como lo aclara Casciari, es un cambio cualitativo bien hacia arriba, de esos que no se ven todos los días en la viña gráfica del Señor (si es que ese Señor existe). Todo: lo escrito, dibujado, seleccionado, diseñado y diagramado, hace que la revista sea un repetido milagro editorial para los tiempos que corren jadeando, en busca de publicaciones que valgan la pena.
Para más información sobre Orsai solo basta con hacer un click en Blog de Orsai, utilzando el botón del mouse o el dedo índice... o, si usted es uno de esos lectores extravagantes, el codo, la punta de la nariz o el dedo gordo del pie. Como sea, pero hágalo ya!
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