viernes, 19 de agosto de 2011

ESTILOS DE VIDA: Playa Escondida, la nudista de Mar del Plata

El siguiente trabajo, que ahora publico en "Océanos procelosos", no es inédito, pertenece a una serie de artículos que escribí y publiqué anteriormente, algunos hace varios años, en mis propios webs y blogs.

ESTILOS DE VIDA: Playa Escondida, la nudista de Mar del Plata

La inauguración de la primera playa nudista pública en esta ciudad turística sacó a flote el viejo tema del desnudo, los tabúes sexuales y la moral victoriana, pero hay mucho más que eso, si de campos nudistas se trata...

Por José Alejandro Tropea
Ilustración: José Alejandro Tropea


"Playa naturista: se advierte a los bañistas que esta playa está reservada
para aquellos que quieran estar desprovistos de ropa"

Así reza el cartel de Playa Escondida, la primera playa nudista pública de Mar del Plata, inaugurada el 15 de febrero de 2001, ubicada (geográficamente) a 37 km de la ciudad y ubicada (históricamente) en las antípodas de aquellas primeras playas marplatenses de principios del siglo veinte, donde se imponía -en un sentido más compulsivo que fashion- el baño de hombres y mujeres por separado, sin poder observarse los unos a las otras y viceversa. Y donde los cuerpos, de acuerdo al fundamentalismo de turno de las normas y reglas que regían el baño público, debían estar cubiertos casi al 100%, como para que no hubiera dudas que la tan severa como hipócrita -y ya moribunda (1)- moral victoriana había viajado (hipocresía incluida) del centro a la periferia del mundo, desembarcando y conquistando las arenas de la Feliz.
En aquella Buenos Aires, mezcla de prosperidad, indigencia, tango, valses vieneses, conventillos, estancias, palacios, prostíbulos, damas de beneficencia y damas de las otras, lo que no encajaba en el molde políticamente correcto -hijo de aquella doble moral arribada de ultramar- podía tener sus problemas. Las estatuas, si osaban exhibirse muy livianas de ropa, o lo que era peor, completamente desnudas, podían pasarla bastante mal. Así le sucedió en 1903 a la extraordinaria fuente de Las Nereidas de Lola Mora, emplazada en un punto inconvenientemente destacado de aquella púdica Buenos Aires. Su desnudez, excesiva para la época, le trajo constantes problemas. Finalmente, en 1918, fue desterrada a un entonces convenientemente ignoto lugar de la costanera sur, donde se encuentra emplazada actualmente. Hoy, claro, estamos en las antípodas morales de 1903 y, para la ciudad, la fuente de agua se ha convertido en fuente de orgullo.

¿Qué hubiera sucedido si la simpática y broncínea Sirenita de Copenhague (2), emplazada en esa capital en 1914 y esculpida haciendo topless, hubiera sufrido la misma suerte que nuestra fuente? ¿Al patio trasero de que humilde pescadería de las afueras de la ciudad hubiera sido arrastrada de los pelos (o de las escamas), para no ejercer su nociva influencia? Y a la inversa, visto desde la Buenos Aires del novecientos ¿no será que por haber quedado en su lugar original, a la vista de todo el mundo, la impúdica desnudez de esa mujer pescado arrastró a Europa en aquel 1914 a la primera guerra mundial, siendo esta la verdadera causa y no aquellas inconsistentes explicaciones de los historiadores, que atribuyen el origen del conflicto al regicidio en Sarajevo (3), al armamentismo feroz, a sórdidos intereses económicos y a otras escabrosas cuestiones políticas incubadas durante décadas?

Cien años de desnudez

Tras los patrióticos festejos del centenario y el manso paso del cometa Halley (4), las guerras, las hecatombes sociales y las nuevas tecnologías cambiaron drástica y vertiginosamente todas las reglas de juego, sepultando la moral del corsé bajo varias capas geológicas. Desde la agonía y muerte de la belle epoque hasta el actual reino del desnudo virtual en Internet, la frontera del pudor en las playas retrocedió y la superficie cubierta se fue reduciendo progresivamente, hasta dejar a la vista la anatomía humana completa. La opacidad de la ropa, que tampoco se quedó atrás, fue cediendo su lugar a la transparencia, algo blasfemo a principios del novecientos y glorificado -en pasarelas y promociones- a principios del 2000.

Los medios de comunicación -primero gráficos y después electrónicos (antes off line y ahora on line)- elevaron generosamente la dosis de desnudez en sus contenidos, mientras en las playas desembarcaban bikinis, mokinis, simbólicas tiritas y el topless, hasta llegar, sin olvidar la precursora Playa Franca de Moria, a esta Playa Escondida de Mar del plata, no sin embates inquisidores a lo largo del siglo, por ejemplo el escándalo desatado por las películas del duo Sarli-Bo, o para rematar esta azarosa travesía moral sufrida por el desnudo vernáculo en el siglo que ha muerto, la denuncia que allá por los noventa fuera presentada en una comisaría contra la fotógrafa Annemarie Heinrich, por exhibir en la vidriera de su estudio en Buenos Aires la fotografía artística de un desnudo de Tilda Thamar. El argumento fue "exhibiciones obcenas e inmoralidad en la vía pública". Los kioscos de revistas, que a pocos metros de la vidriera denunciada exhibían tapas con pulposas, provocativas e infartantes hembras desnudas no fueron considerados por el denunciante como parte de la vía pública.

¿Correrá Playa Escondida la misma suerte que la fuente de Las Nereidas y será emplazada en Costanera Sur, o se salvará solo porque se sabe que su traslado es inviable, al menos para el "state of the art" de la actual tecnología del flete?.

La sobredosis actual de películas, revistas, canales codificados y obras de humor sobre asuntos de alto voltaje erótico a la que todos están expuestos (y muchos gustosamente acceden), ha hecho que el campo nudista, en el imaginario de los "opositores vestidos" (entre los cuales también hay quienes gustosamente acceden a la sobredosis citada) se haya convertido en un lugar donde lo hacen todos con todos y las prácticas degeneradas y aberrantes están a la orden del día, donde se acoplan hombres con hombres y mujeres con mujeres, donde las pestes y plagas sexuales (del Sida para abajo todas) azotan el lugar, donde las conversaciones consisten en obcenidades y chanchadas, donde se organizan orgías bajo el sol y donde el clásico puestito de diarios y revistas a la entrada de la babilónica playa vende pornorevistas, videos triple XXX y una edición popular del Kamasutra.

¿Es un campo nudista la semilla de la maldad, la fuente del caos y la disgregación social?
Aunque nadie ha podido todavía hallar el vínculo que relaciona los niveles de criminalidad, desocupación, corrupción, recesión y depresión económica, con el número de campos nudistas instalados, estos últimos, mientras no demuestren su inocencia, serán sospechosos de provocar aquellas calamidades.

Un paso al más allá

Pero esta polvareda levantada por los "opositores vestidos" hace que se pierda de vista un detalle: no necesariamente un campo nudista es el sitio donde la gente se despoja de sus ropas. Puede ser también el lugar donde se desnuda el alma. El lugar donde uno entra y se despoja, con más o menos habilidad, con más o menos valor, de todos los velos que la cubren.

(Aquí, en este punto, el sentido común nos parece indicar a gritos que debiéramos -o correspondería- dar ejemplos de lo que el alma desnuda deja a la vista, pero si consideramos que el lector sabe mejor que nadie lo que su alma -y por lo tanto todas las almas- esconde y protege, hacerlo sería un acto de aburrida y contraproducente redundancia, aunque para presentarlos se usara la prosa más brillante e inspirada. El lector sabrá entonces que ejemplos poner, a discreción y en silencio, en este delicado párrafo.)

A pesar que para los corazones moralmente impresionables "desnudar la carne" suena amenazante y perturbador, se trata de algo previsible y cartesiano. Pase lo que pase, vea lo que se vea, haga lo que se haga, el escenario más incierto y desconocido que podemos encontrar en un -más bucólico y pacífico que perturbador y tempestuoso- campo nudista no pasa del desfile y exposición de aparatos reproductores, pechos prominentes o traseros de película. A lo sumo lo más destacable y llamativo que podría pasarnos es descubrir siliconas en abundancia bajo la piel del otro. Donde se desnudan las almas, en cambio, no hay certidumbres ni garantías. Ni el mismo acto de desnudarse es tan fácil y expeditivo como quitarse la ropa, ni tan seguro como estar a la intemperie expuesto a las inclemencias climáticas o a la mirada de los otros.

No es necesario dominar el arte del strip tease para quedar como Dios (o la Naturaleza) nos trajo al mundo, ni tener el valor de un gladiador para pasearse por la arena despojado de todo. Pero si se trata del alma ¿quién no quisiera tener, gratuitamente (Fausto sabe como se termina si hay un precio que pagar), la habilidad y sagacidad de Shakespeare, Picasso o Freud para llegar al fondo de nosotros mismos, o también gratuitamente, el valor y el temple de Cristo, Buda o la Madre Teresa, para soportar la carga de sacar los propios trapitos al sol?.

Aunque todo esto suene a fantasía literaria, filosofía barata o pirueta mental, el nudismo del alma existe y de hecho todos lo practicamos. Desorganizado, anárquico, eventual, clandestino o espontáneo, es cierto, pero existe y se practica. En las mesas de café, a espaldas de los jefes en el ámbito laboral, en las sesiones de terapia, en el confesionario, en la cama (simultáneamente con el desnudo físico), en las reuniones de solos y solas.

Hoy Inauguración Hoy

Imaginemos este -por ahora inhallable- campo nudista ya concretado, organizado e institucionalizado, aunque esto último sea excesivamente optimista. En la entrada se ven dos carteles, uno es la habilitación municipal y el otro, a la manera del de Playa Escondida, alerta a los distraidos y desprevenidos con la leyenda: "Se advierte a la gente que este sitio está reservado para aquellos que quieren desnudar su alma públicamente".

Al costado del acceso hay un puestito donde alguien se gana la vida vendiendo libros, películas, música y reproducciones de cuadros de artistas que han quitado exitosamente, o al menos descorrido en parte -lo que no es poco-, los velos que cubren el alma a través de obras que en su momento fueron perseguidas, rechazadas, ignoradas o calificadas de herejes, degeneradas y demenciales (actitudes que demuestran de manera inequívoca que esas obras dieron en el clavo).

Ahora estamos a punto de cruzar el umbral. Acallados los gritos de los goles, saciada la sed de reality shows (casualmente una versión falsificada y desfigurada del nudismo del alma) y descartados los comentarios sobre el clima del día y su evolución, nos disponemos a ingresar a este impensado lugar. Una vez adentro, valor y habilidades mediante, nuestras conciencias se desnudarán. Lo que suceda de ahí en adelante nuevamente queda librado a la imaginación y a la intransferible experiencia personal de cada uno.

Mientras tanto, afuera, las almas vestidas opuestas al desnudo del alma no descansarán hasta impedirlo. Es que para su imaginario, adentro se reúnen locos de atar, inadaptados sociales, gente que deja a la vista y hace público un patrimonio común a todas las almas. Esto último golpea de lleno contra la oposición, porque hacer públicas las miserias, fragilidades y dobles morales que un alma esconde es revelar bastante de lo que todas esconden, es abrir la caja de Pandora colectiva que, por caracter "transitivo", pondría en duda y bajo sospecha la calidad espiritual inmaculada que muchas almas vestidas se empeñan en vender públicamente, aunque lo que muestren sea solo una fachada.

¿Qué sucede si estos opositores deciden salir a la calle con palos y antorchas para acabar con los nudistas del alma? Al menos no sería nada fácil para esta turba hallar, identificar y atrapar a su presa. Desnudar el alma es una tarea que sus practicantes pueden, si así lo desean, hacer en la total clandestinidad, a pesar de estar a la luz del día y rodeados de multitudes. No podemos quitarnos la malla en la Bristol, la Perla, Varese o Playa Grande sin provocar un revuelo de aquellos (lo mismo sucedería en el puerto, la escollera sur o la peatonal San Martín), pero frente a nuestras narices y en esas mismas playas públicas puede haber dos personas que, en lugar de conversar sobre futbol, economía, maquillaje o cocina, están exhibiendo impúdicas sus almas desnudas en medio de la abigarrada multitud sin que nosotros ni nadie pueda enterarse ni sospecharlo.
Si hubiera una mujer sentada sola frente al mar, que libro en mano tiene la mirada perdida en el horizonte ¿Quién sabe si está "vestida", pensando en el último párrafo leído en un best seller estival o es una poetisa "desnuda" que hace un balance final de su vida y está a punto de ponerse de pie, caminar hacia el mar y suicidarse?

Claro, un nudista fanático del nudismo de carne y hueso -lo que se dice, valga el irónico juego de palabras, un "nudista de alma"- dirá, y con razón, que estamos subestimando la desnudez y el acto de desnudarse. Dirá que no son, respectivamente, ni una condición ni una acción puramente física o superficial sino que están impregnadas de profundos significados sicológicos, espirituales y morales. Pero para que así sea, el nudista, una vez que se ha despojado de toda su ropa, en lugar de dar por terminado el asunto y hacer todo lo que se suele hacer en una playa desprovisto de ropa (caminar, broncearse, comer un pancho, zambullirse, mirar al otro), debe volcarse de lleno a la tarea de escarbar y pensar en aquellos profundos significados. Y al hacer eso, inevitablemente, está abandonando el desnudo físico para iniciar el desnudo del alma.

Sin embargo toda esta disquisición y casi apología del desnudo de las almas -presentado como mezcla de introspección, recogimiento, solemnidad y espiritualidad- no debe hacernos perder de vista que la vida no es vida sin la búsqueda y el goce de alguna forma personal y específica de solaz y placer, que para muchos consiste en concurrir a una playa nudista, pasearse sin el taparrabos y agregar Playa Escondida a su lista de pequeños grandes placeres ofrecidos por Mar del Plata.
Si para unos esta ciudad es alfajores, lobos marinos, casino, rambla, surf, torreón, sierras, bosque Peralta Ramos, puerto, rabas y escollera sur, ¿porqué para otros no puede ser todo lo anterior más Playa Escondida?.

REFERENCIAS

1 - Victoria reinó de 1837 a 1902.

2 - La Sirenita de Copenhague representa la sirenita del cuento de Hans Christian Andersen.

3 - El asesinato en Sarajevo, Servia (que después se convertiría en Yugoslavia) de Francisco Fernando, archiduque de Austria-Hungría, el 28 de junio de 1914, provocó el estallido de la primera guerra mundial.

4 - La llegada del cometa Halley en 1910 fue precedida de histeria y pánico.


Copyright © 2001 José Alejandro Tropea

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...